Iván Joseph Santiilán Vargas



El estudio sobre el consumo cultural puede ser abordado desde una serie de objetivos que se inscriben en este hecho, como lo son: la industria cultural, los medios de comunicación y las preferencias de consumo en la población. Una serie de investigaciones se han llevado a cabo para dar cuenta de la amplia gama de demandas que se relacionan con la democratización de las políticas culturales, hasta el implemento de estrategias de consumo y producción de los bienes culturales. Según la definición de “bienes culturales”. Tomada del “Convenio para la protección de los Bienes Culturales en caso de conflicto armado”, La Haya, UNESCO 1954, el término de bien cultural inscrito en la convención, posee carácter internacional y se define como:

a) Los bienes, muebles o inmuebles, que tengan gran importancia para el desarrollo cultural de los pueblos, tales como los monumentos de arquitectura, de arte o historia, religiosos o seculares, los campos arqueológicos, los grupos de construcciones que por su conjunto ofrezcan un gran interés histórico o artístico, las obras de arte manuscritos, libros y otros objetos de interés histórico, artístico, o arqueológico, así como las colecciones científicas y las colecciones importantes de libros, de archivos o de reproducciones de los bienes antes definidos.

b) Los edificios cuyo destino principal y efectivo sea conservar o exponer los bienes culturales muebles definidos en el apartado a), tales como los museos, las grandes bibliotecas, los depósitos de archivos, así como los refugios destinados a proteger en caso de conflicto armado los bienes culturales muebles definidos en el apartado a).

c) Los centros que comprendan un número considerable de bienes culturales definidos en los apartados a) y b), que se denominarán centros monumentales.



unesco_logo_es.jpgUNESCO.





La Industria cultural
Una definición sustancial de consumo cultural, lo identificaría como la adquisición de los bienes culturales, que se encuentran en el mercado impulsados por la industria cultural. La industria cultural retomando los conceptos básicos de Adorno y Horkheimer, se refiere a una explotación sistemática y programada de los bienes culturales con fines comerciales. Industrias que se dedican a la creación de mensajes destinados a la sociedad de consumo, con el fin de enajenar y convertir al receptor en un individuo des individualizado y pasivo. El bien cultural se integra a una lógica de mercado donde adquiere nuevos valores o estatus diferentes a los que originalmente le son atribuidos. “El monumento adquiere un doble estatus: como obras dispensadoras de saber y de placer, puestas a la disposición por todos; pero también como productos culturales fabricados, embalados y difundidos con vistas a su consumo. La metamorfosis de su valor de uso en valor económico se realiza gracias a la “ingeniería cultural”, empresa pública que cuenta con la labor comunicadores, agentes de desarrollo, ingenieros y mediadores culturales y cuya función primordial es la de explotar los monumentos por todos los medios, a fin de que el número de consumidores se multiplique indefinidamente.” (Choay Françoise, 2007).


Medios de comunicación
La labor de los medios de comunicación y el implemento de nuevas tecnologías para la difusión e impulso de las prácticas de consumo, de bienes culturales, ha sido de suma relevancia, el binomio establecido entre estos dos como herramienta fundamental, para la venta y consumo. Los medios se presentan como impulsores de prácticas relacionados con la cultura así como al consumo de bienes culturales, sin embargo el medio con mayor importancia y presencia en las familias: la televisión, no suele ser considerado como precursor de la cultura, esto debido a los vínculos comerciales ya antes abordados en relación a la industria cultural, se le trivializa y se le aleja de una concepción de cultura basado en la propagación de valores asociados a las bellas artes. La televisión es la principal productora de mercancía cultural industrial. “La televisión queda excluida de su concepción de la cultura y, sin embargo, se la tiene como la principal fuente de productos que podrían denominarse culturales (cantantes, artistas, actores, películas, etc.) y, por lo tanto, la principal productora de demanda cultural.” (Callejo Javier, 2005). La “fluidez globalizadora” que se va desarrollando desde finales del siglo XX, da un impulso a la mundialización de los medios de comunicaciones y los mensajes emitidos por estos, para transformar a la población en audiencia, y por consiguiente en consumidores. Las industrias culturales por medio de la difusión de los productos en los medios, buscan mantenerlos en la demanda de los receptores, con el fin de homogeneizar las preferencias y mantenerse en el mercado como un producto altamente consumido. Aunque la tendencia generada en los medios de comunicación a partir de la globalización es aparentemente homogeneizar a la población mediante la adquisición e identificación con productos o bienes. La misma competencia generada en los mercados mundiales llevará al receptor a elegir ante una gama de bienes diversos, aunque es bien sabido que aquél con mayor impacto y recursos económicos estará más presente en la difusión y en los mercados.


Estudio de los hábitos de consumo
El estudio del impacto que tiene el consumo cultural se ha tratado de estudiar por medio de la investigación en los hábitos de consumo de la población, esto para establecer relaciones de mercado basadas en las preferencias, así como en qué medida la población está atendiendo a las prácticas que se relacionan con el consumo cultural, o si prefieren algunas otras actividades en lugar de aquellas. Se trata de conocer las preferencias del público para poder llegar a formular teorías en torno al consumo cultural. Las investigaciones son implementadas tanto por académicos como por las industrias culturales. “En el caso de las industrias culturales, aunque no en todas, prevalece la investigación diseñada como estudios de marketing; es decir, donde se utilizan técnicas de investigación cuantitativas que estudian la audiencia o públicos para mejorar la comercialización de sus propias mercancías, sean culturales o de bienes y servicios, y donde los datos no son dados a conocer, no se hacen públicos, sino que se reservan para el uso de las agencias de publicidad”. (Almanza Verónica, 2005).

Las políticas culturales se relacionan directamente con los estudios de consumo, a través de estos se puede evidenciar las necesidades que tiene la población de acceder a los bienes culturales, y que muchas veces se encuentran incapacitados de hacerlo, esto puede ser por múltiples razones. Es ahí cuando la necesidad de políticas culturales que puedan promover el acceso a los bienes se hace evidente, de esta manera se presta atención a las demandas reales de la población en esta materia. Prácticamente todas las instituciones culturales realizan encuestas entre la población para saber cómo implementar medidas para el consumo de sus productos y para saber las preferencias de los individuos. Un ejemplo de las encuestas realizadas es la que realiza CONACULTA: “Encuesta nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales”, en la cual se busca conocer las preferencias y las prácticas que han llevado últimamente la población en relación a actividades y consumo de bienes culturales. La asistencia reciente a eventos de danza, musicales, cine, museos, espacios arqueológicos, teatros etc. Así como el tiempo que dedican a la lectura y algunas otras actividades. Esto con el fin de saber en qué están gastando el tiempo principalmente la población joven, así como cuáles son las actividades que presentan más demanda entre ellos, y porque no asisten o consumen alguna otra actividad. “Comprender, a través del uso combinado de encuestas, observaciones de campo y entrevistas, las articulaciones estructurales entre políticas multisectoriales, estructura urbana y conductas de las audiencias. Este análisis también sirvió para elaborar críticas y revisiones de las políticas culturales, en tanto aspiran a alcanzar a las mayorías”. (García Canclini,1991).



tele-blanco-y-negro.jpgRecuerdos de la Televisón

Bibliografía consultada:
ADORNO Theodor, Horkheimer Marx, La Industria Cultura. Iluminismo como justificación de masas, 1988, Editorial Sudamericana, Buenos Aires. http://www.infoamerica.org/documentos_pdf/adorno_horkheimer.pdf 24/ 05/ 2012.
ALMANZA Verónica, Razón y Palabra: Primera revista electrónica especializada en comunicación. Los Estudios sobre el Consumo Cultural: Algunas Observaciones Metodológicas, 2005, México, Octubre-noviembre. http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n47/valmanza.html24/ 05/ 2012.
CALLEJO Javier, Consumo cultural, consumo de medios de comunicación y concepción de la cultura, 2005. http://www.bocc.ubi.pt/pag/callejo-javier-consumo-cultural-consumo-medios-comunicacion-concepcion-cultura.pdf 24/ 05/ 2012.
CHOAY Françoise,Alegoría del Patrimonio. El Patrimonio Histórico en la Era de la Industria Cultural, 2007, Editorial Gustavo Gil, México.
GARCÍA Canclini Néstor, Públicos de arte y política cultural. Un estudio del II Festival de la ciudad de México, 1991, México: Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa / Departamento del Distrito Federal.
MANTECÓN Ana Rosas, Los Estudios sobre Consumo Cultural en México, 2001, III Reunión del Grupo de Trabajo “Cultura y Poder” del CLACSO, Caracas, Venezuela. http://www.globalcult.org.ve/pdf/RosasMantecon.pdf 24/ 05/ 2012.
Convención para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado-1954. http://portal.unesco.org/culture/es/ev.php-URL_ID=35744&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html 24/ 05/ 2012.
Encuesta Nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales. CONACULTA, Agosto 2010. http://www.conaculta.gob.mx/recursos/banners/ENCUESTA_NACIONAL.pdf 24/ 05/ 2012.