Mayte Viviana Pérez Cruz



Introducción


La posmodernidad determina el contexto histórico, político, social y económico de la vida en la actualidad, siendo la globalización su mecanismo de acción por excelencia. Este fenómeno se caracteriza por dar lugar a una libre y rápida circulación de capital, personas y símbolos, por medio de la difusión acelerada y generalizada de las tecnologías de la información.Hace varios siglos ante el advenimiento de la modernidad, hubiera sido prácticamente inconcebible un mundo en el que el extenso tránsito de formas simbólicas dominara la escena global, tal como ocurre hoy en día. La producción e intercambio de expresiones lingüísticas, gestos, acciones, obras de arte y otras formas simbólicas ha prevalecido en la vida social del hombre a lo largo de la historia, pero con la aparición del capitalismo, desarrolló una dimensión nunca antes vista. La cultura definida por Stuart Hall en términos de “producción e intercambio de significados entre los miembros de una sociedad o de un grupo”, se ha convertido en el componente crucial de la globalización y el principal medio en que la experimentamos hoy día. Así pues, la Globalización Cultural se sustenta en la cada vez más extensa y amplia circulación de bienes culturales mediáticos. Dentro de este contexto, la cultura vista como recurso cobra legitimidad empírica, desplaza otras interpretaciones de cultura –como la antropológica y la filosóficay deja de ser una manifestación de la creatividad popular para convertirse en una mercancía.
Así pues, la globalización ha redefinido los bienes culturales como mercancías sujetas a las leyes supremas de la oferta y la demanda. Es así como la cultura en la coetaneidad ha experimentado una progresiva instrumentalización y se ha transformado en un bien utilitario; es utilizada para promover la generación de capital y del turismo, al mismo tiempo que se sitúa como el primer motor de las industrias culturales.


Marco general de las industrias culturales


El concepto de industria cultural surge en 1947, como resultado de los trabajos de investigación y análisis de quienes fueran dos de los más grandes pensadores de la Escuela de Frankfurt, Theodor W. Adorno y M. Horkheimer.
La “industria cultural” (o kulturindustrie) es un término que designa a un estado avanzado de las sociedades llamadas “post-industriales” y a una modificación del estatuto de la cultura tradicional. Dicha industria está dada en función de los ideales de la clase burguesa y pretende imponer a los otros grupos sociales su propio predominio ideológico.
El término industrias culturales estuvo asociado, desde el principio de su empleo, a empresas de producción y comercialización de bienes y servicios culturales destinados a su utilización en el interior de un país o a nivel internacional. En las industrias culturales, al igual que en otras ramas de la industria privada, impera un monopolio de intereses económicos.
El fenómeno de las industrias culturales fue analizado por Horkheimer y Adorno bajo el surgimiento de la sociedad de masas, en la década de los cincuentas. Estos dos filósofos alemanes cuestionaron el efecto ideológico que trae consigo una cultura serializada, estandarizada, programada y producida cuantitativamente, en función de la lógica del mercado y de los medios de comunicación (radio, cine y televisión), y no cualitativamente según normas culturales o estéticas.
Según su teoría de la Dialéctica de la Ilustración, la función de la industria cultural es perpetuar el orden social existente y proporcionar la base ideológica para su legitimación. Además, esta teoría plantea que los contenidos de los medios manipulan al individuo quien, de esta manera, desarrolla una falsa conciencia tanto de su contexto social inmediato como de fenómenos sociales abstractos más remotos.[1] De esta manera, la industria cultural en cuestión, agudiza y perpetúa la dialéctica de dominación de los grupos hegemónicos y la desigualdad social, al mismo tiempo que “impide la formación de individuos autónomos, sólidos, capaces de juzgar conscientemente y de decidir por sí mismos”.[2]
Para Edgar Morin, otro de los teóricos que ha analizado este fenómeno, la producción serializada de bienes culturales tiene la misma lógica que la de cualquier otra industria en una sociedad de libre mercado: la de promover el consumo máximo. Así pues, los procesos de universalización, mediatización y mercantilización de los bienes culturales, no solamente implican la estandarización de las culturas, sino que también dan origen a dos fenómenos en particular: la sincretización y la homogeneización.


Las industrias culturales en pleno siglo XXI


En el contexto capitalista global vigente, las industrias “de bienes y servicios culturales” se convirtieron rápidamente en uno de los sectores que más ganancias reportan y que más incidencia tienen en las decisiones de los Estados-Nación. Ahora bien, para entender el porqué del crecimiento acelerado de las industrias culturales tenemos que remitirnos a las naciones con mayor capacidad competitiva en los mercados mundiales: EUA y los países europeos. En estas naciones se han centralizado, tanto el procesamiento como la circulación de la información, al igual que el diseño e intercambio de tecnologías y de los productos informativos básicos, reduciendo el papel de los países subdesarrollados a simples consumidores.En relación a las estrategias que las industrias culturales usan para transformar a las formas simbólicas en bienes simbólicos, las hay muchas y muy diversas. La alta cultura y la cultura popular son utilizadas en museos; centros culturalmente prestigiosos; presentaciones; performances y shows de danza, música y ballet; lugares históricos convertidos en parques temáticos; para beneficio del desarrollo urbano; para la promoción de culturas indígenas y del patrimonio cultural para el consumo turístico –especialmente del llamado turismo cultural- y en la creación de industrias culturales transnacionales.A pesar de que la producción cultural está dominada por el principio de estandarización, la industria cultural se empeña en presentar los productos como manufacturas artesanales únicas e insustituibles. Así pues, la redefinición hegemónica de la cultura problematiza la protección legal de las comunidades indígenas y de sus prácticas colectivas, valorizadas como recursos comercializables: remedios populares, variedades de semillas, música y artesanías son consideradas como mercancías, por los Estados y corporaciones transnacionales que son los principales intermediarios en el campo del Derecho Internacional.[3] Es importante destacar que los procesos de mercantilización de la cultura han desarrollado una serie de efectos negativos; por una parte, han derivado en la desmoralización de los artesanos y demás creadores, al convertirlos en productores de bienes culturales para el consumo de las masas; por otra, han sido la causa de la estandarización de las culturas y la supresión de la diversidad cultural, ya que lógica homogeneizante del valor de cambio, tiende a imponer las mismas pautas de consumo y modos de vida semejantes.


Conclusiones


Desde la mitad del siglo pasado en que el concepto de industria cultural fue desarrollado hasta nuestros días, las industrias culturales se han fortalecido y expandido, han sofisticado su producción, han incorporado los adelantos e innovaciones tecnológicas y han encontrado circuitos globales de distribución de sus productos. Las industrias culturales se han convertido en el sector industrial y económico más dinámico y productivo.Algunos científicos sociales aseguran que dentro del contexto capitalista global actual no podemos seguir considerando a estas industrias solamente como una especie de vehículo transmisor de la ideología burguesa, sino que debemos verlas como el conjunto de factores que se interrelacionan y transforman día con día, como una moderna organización económica posfordista.


Bibliografía



  • Adorno, Th. Teoría crítica y cultura de masas. Fundamentos, España, 2000.
  • Giménez, G. Teoría y análisis de la cultura. Volumen uno. CONACULTA, México, 2005.
  • Hanna Adoni y Sherrill Mane. “Media and the social construction of reality” en Communication Research, Vol 11 N° 3, Julio1984.
  • Thompson, J. Ideología y cultura moderna. Paidos Mexicana, México, 2007.
  • Yúdice, G. El recurso de la cultura. Usos de la cultura en la era global. Gedisa, Barcelona, 2002.

Enlaces

Cultura, entretenimiento y sumisión.
La Escuela de Frankfurt: el destino trágico de la razón.
La industria cultural y sus transformaciones
  1. ^







    Hanna Adoni y Sherrill Mane. Media and the social construction of reality, en Communication Research, Vol 11 N° 3, July 1984.
  2. ^ Th. W. Adorno, Résumé uber Kulturindustrie. En Th. W. Adorno, 1967, pp. 60-70.
  3. ^ Yúdice, G. El recurso de la cultura. Usos de la cultura en la era global. Gedisa: Barcelona, 2002.